Concebida bajo la esencia de la lírica tradicional, el poemario constituye un viaje contemplativo por los paisajes, los pueblos y el alma de la geografía castellana, ganándose la consideración crítica de su autor como un auténtico "juglar del siglo XX". La obra se eleva artísticamente gracias a un prestigioso prólogo del intelectual José Camón Aznar y a las ilustraciones exclusivas del célebre humorista gráfico Antonio Mingote, cuyos trazos capturan a la perfección la ironía tierna y el costumbrismo de los versos.