Descripción: EDITORIAL GEDISA.1ªEdi. 1987-Tapa blanda.241 pág.22,5x16cm. En el libro El alma atómica -publicado en 1986, tres años antes de la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de1989- no se considera a la postmodernidad, como un mero diagnóstico o estado de cosas, sino que busca ser asumida con la fuerza del deseo, como aquello que, desde el fondo de la modernidad, se difracta por medio de distintas categorías estéticas que permiten vislumbrar una humanidad en su destino estético. Allí las categorías no son tomadas como clasificaciones de objetos ni de conceptos, sino más bien en sentido aristotélico, como aquello que expresa el ser varias veces y de distintas maneras (Pollakôs legetai). No son determinadas a priori, ni son arbitrarias; son más bien históricas, contingentes e indicadoras de los fines últimos, los destinos. Con ello, no se busca meramente sustituir la modernidad por la postmodernidad, es decir, reemplazar un centro, por otro, sino de alcanzar un descentramiento constante, una difracción permanente y activa. Por eso la estética que se propone no aspira a buscar centros desde la periferia, sino busca permanentemente puntos de atracción desplazados sin cesar, arrastrados por la “atomización” del alma. Las almas de la estética propuesta son como mariposas que se escapan de la “crisálida” de la modernidad. Por eso se prefiere hablar mejor de ser epimodernos en lugar de ser simplemente postmodernos.