Las vidas de los hermanos Harry, Daniel y Sam Hanway están marcadas desde el principio por curiosas coincidencias. Nacieron en Londres el mismo día del mismo mes, el mediodía del 8 de mayo, en años sucesivos, en el Candem Town de la década de los 50 del pasado siglo. Era el Londres de la postguerra, y cada uno de ellos debe crear su propio camino en el mundo.
Harry decide dedicarse al periodismo, Daniel sigue su camino hacia Cambridge, y el más joven, Sam, no consigue ningún trabajo y se dedica a acompañar a su madre y pasear con vagabundos. Es pues, un mundo de ofertas dudosas y grandes empresas, de bandas criminales y propietarios retorcidos, de magnates de los medios de comunicación y ladrones de poca monta, siempre con Londres como telón de fondo y conexión de los tres hermanos. De la bulliciosa y alegre Fleet Street a las grandes empresas de la City, de la riqueza y la corrupción de Chelsea a las sombras del humo de Limehouse o Hackney, la mirada de Ackroyd explora la ciudad y a sus protagonistas, mira sus calles y su mundo, pasea por sus aceras y bebe en sus bares y discotecas. Todo es posible, no sólo en la nueva libertad de la década de 1960, sino también en el pasado –y presente- atemporal de Londres.