EN SOL DE SED
POR REYNALDO PÉREZ SÓ
Si una de las características, manidas, ha sido el derramarse en palabras, el canto superficial, llamativo, florido, sobre el Llano, este libro de Adhely Rivero (1954) es más bien todo lo contrario. El Llano, los esteros, las soledumbres del mediodía, la concepción del tiempo circular, vuelto de pronto innovamiento, en donde el hombre va siendo testigo de sucesos interiores/ exteriores, pero siempre aferrados al ojo vigilante con la mirada altiva del alcaraván, eremita de las planicies que juega con su nido en los terrenos estériles de los sembradíos, rasgando con su chillido la presencia extraña.
Aunque nada de paisaje de postal o vernáculos enseñoreos donde la defor-mación fuera la única agua bebible. Adhely Rivero nos recrea su infancia de a caballo, vaquerías, cujíes y chaparros en nombre del sagrado rincón no dé la hacienda, hato o fundo sino de la inmensa soledad de los medio días, canículas, inviernos que para el hombre de El Llano podrían ser la de los desiertos saharianos o de las mismas Pampas del Sur.
Hombres más que estampas, seres con sueños de animales perseguidos, devorados eternamente en el paisaje de dos dimensiones: la humana, la natural. Difícil acceso con la herramienta de la palabra concentrada, cuando todo está en su contra: incendios, humaredas infinitas, lluvias inacabables, mares de estación, aves e insectos vueltos nubes. Reducir el canto locuaz a la sugerencia contenida para dar con la tierra, para reconocerse, reconocernos, parece ser el deseo de Rivero, poeta vertical, no espectador a distancia, que es la vía fácil.
Para la descripción engañosa que oculta, generalmente, la merma creativa. Quizá, por estas razones, en guardia como cualquier buen poeta, el autor busca, mediante la experiencia requintada, para evitar los tonos altos, la palabra exacta de los mismos hechos que en versos como estos se sienten, de roce, que afirman la gravedad del verbo versus las etéreas resonancias del engaño: La fuerza del toro / se inclinaba / mientras la palma / pasó / sobre la yerba. Y nunca, claro está, a ciegas, o al desgaire: Me voy por la luz / de linterna / a donde no hay nadie / en el fondo.
Con En Sol de Sed, Adhely Rivero nos inicia, lectores de la distancia, para un universo todavía silvestre y, más que todo, auténticamente latinoamericano, de fondo y no de forma.