El teólogo en la vida y misión de la Iglesia. Instrucción sobre la vocación del Teólogo (Congregación para la Doctrina de la Fe). El Teólogo y su función en la Iglesia (Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe). Presentación del Cardenal Joseph Ratzinger. Ed. EDICE. 1ª Ed. 1990.
"La importancia del teólogo y de la teología para la comunidad de los creyentes se hizo notar de una manera nueva con ocasión de la celebración del Concilio Vaticano II. Hasta entonces, se tenía la teología como una actividad estilista y abstracta que rara vez. merecía el interés de la opinión pública eclesiástica. El nuevo modo de considerar la fe y de explicarla que se afirmó en el Concilio era fruto de la existencia, anteriormente poco tomada en cuenta, de una nueva reflexión teológica que se había iniciado después de la I guerra mundial, en conexión con los nuevos movimientos espirituales y culturales. La orientación dominante de carácter libe-ral, con su ingenua creencia en el progreso, se había derrumbado tras los horrores de la guerra y, con ella, también las nuevas corrientes teológicas que habían intentado adaptar la fe a una visión liberal del mundo. El movimiento litúrgico, bíblico y ecuménico y un fuerte movimiento mariano crearon un nuevo clima cultural, en el que también creció y se desarrolló una nueva teología que dio sus frutos a la Iglesia en el Concilio Vaticano II. Los mismos obispos estaban sorprendidos por la riqueza de una teología con la que estaban poco familiarizados y se dejaron llevar de buen grado por los teólogos, como si éstos fueran sus guías, hasta un terreno inexplorado para ellos, aunque las decisiones últimas, es decir, las que podían llegar a ser afirmaciones del Concilio y, por tanto, de la Iglesia misma, fueron competencia de los Padres. Después del Concilio, prosiguió la dinámica de esta evolución; los teólogos se sintieron cada vez más como los verdaderos maestros de la Iglesia y como maestros incluso de los obispos. A partir del Concilio, además, fueron descubiertos por los medios de comunicación y se han convertido en objeto de interés para estos últimos. El Magisterio de la Santa Sede parecía cada vez más el resto de un autoritarismo trasnochado: había la impresión de que alli el pensamiento debía mantenerse bajo tutela, insistiendo en la autoridad de un poder extracientífico, mientras, por el contrario, el camino del conocimiento no podía ser establecido por la autoridad, sino que dependía solamente de la fuerza de los argumentos. Se ha hecho, por tanto, necesaria una nueva reflexión sobre el papel de la teología y del teólogo, así como sobre su relación con el Magisterio, que busque comprenderlos a ambos partiendo de su lógica interna y que no busque solamente poner paz en el interior de la Iglesia, sino que sea también, y sobre todo, un modo correcto de entender la relación entre fe y razón. A esta cuestión intentan responder estas instrucciones.