Revista Internacional de Teología CONCILIUM. Nº 248, agosto de 1993. Emigrantes y refugiados: un desafío ético. Teología moral. Ed. Verbo Divino. 1993. La migración de seres humanos por razones forzosas está creciendo de manera desorbitada por todo el planeta. El número de personas que no encuentra en su país un medio de supervivencia y que, por razones políticas o económicas, se ve en la necesidad de abandonar su propia patria y buscar asilo en improvisados campos de refugiados para no sucumbir ante la miseria, el sufrimiento y el hambre, aumenta considerablemente día a día. En un contexto tan dramático, hay quien hasta se atreve a hablar de una "nueva migración de pueblos". Cuestiones como la inmigración, el derecho de residencia, los permisos de trabajo, el reagrupamiento de familias, etc., plantean a todos los países, a las organizaciones humanitarias internacionales e, incluso, a los particulares más altruistas, unas demandas que, junto a muchas otras cuestiones como la integración masiva, la inculturación y la satisfacción de las necesidades primarias -alimentación, vestido y vivienda-, constituyen una preocupación verdaderamente onerosa. A esto hay que añadir el problema de mentalidad. La resistencia ante las necesidades de otro ser humano, sobre todo si ello implica una limitación de la propia comodidad y nivel de vida, pertenece a la amplia gama del comportamiento insolidario del hombre. Por otra parte, la utilización política de la cuestión extranjera para atizar toda clase de posturas irracionales, como el desprecio al emigrante o un acendrado etnocentrismo, juega un papel de primer orden. Paralelamente, hay que considerar las incalculables pérdidas que eso supone para los países de procedencia, tanto a nivel estructural, es decir, desde el punto de vista económico y de la propia cultura, como en el aspecto de su marginación política. Visto en su conjunto, y habida cuenta de sus múltiples modalida-des, el tema que nos ocupa plantea un verdadero reto a la ética social. La fundamentación moral de derechos y obligaciones, la elaboración de una teoría intermedia entre autonomía e integración, la ponderación de las diversas pretensiones y las consecuencias de la ayuda institucionalizada, sobre la base de un análisis del "pecado" estructural, la formulación conceptualizada de prejuicios y agresio-nes, el significado antropológico y ético de la experiencia lacerante entre patria y extranjero, son temas, todos ellos, de una acusada incidencia ética. En este número de CONCILIUM se abordan todos esos aspectos desde un punto de vista no sólo regional, sino también -y muy especialmente- en su perspectiva universal.