Delibes. Miguel: Castilla habla, Barcelona, Destino - Áncora y Delfín, 1986, Rústica con solapas, 187 pág, 21x14 Primera Edición
Castilla está sola, la pobreza y la humildad parecen hacerla mayor. El hombre que va andando solo por el campo remueve con el bastón la tierra reseca y en su frente hay una nube. Ha recorrido los pequeños pueblos que se van hundiendo en el suelo pardo, despoblados. Piensa en la sequía, en la pobreza del campo, en el abandono oficial. Habla con el molinero, con los labradores, con el pastor, el capador, los hombres encerrados en La Trapa. Las gentes se expresan como son, intacta su manera de ser y apuntan sabiamente a los ancestrales males de Castilla: son treinta y dos coloquios que nos hacen ver y comprender una Castilla desconocida. El cronista piensa en Sedaño, su pueblo de adopción. Cuando llegó a él hace ocho lustros era un pueblo principal, con notaría, registro, juzgado, telégrafo, fonda y farmacia. Ahora no queda nada de eso y apenas cien habitantes. «Como siga así, nada, dice el viejo.» Qué hermosos eran a principios de siglo Castilla y sus pueblos inventados desde Madrid por el silencioso Azorín. Qué literatura más pulcra y bella. La de Miguel Delibes es ahora otra y hay que enfrentarse con la terrible realidad. El hombre con el bastón en la mano la va señalando y parece como si pidiera silencio. Como dice el abad de La Trapa sonriendo: «La gente viene a nosotros, proceden del ruido y el silencio les sobrecoge». Su Castilla. Ese Miguel Delibes no cree demasiado en el Mercado Común y su voz angustiada quedará para siempre reflejada en este libro, tan inútilmente bello, tan verdadero, tan digno de ser amado y comprendido porque nunca hubo una causa más noble que defender que esta de una tierra que se nos va. Páginas patéticas, lector, dictadas quizás a Delibes por un arcángel furioso en una prosa bellísima e inigualable para que Castilla hable.
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