La obra examina el arte romano desde sus orígenes hasta finales del siglo II, centrándose en cómo la capital del imperio utilizó el arte y la arquitectura como herramientas de ideología y poder político. Bianchi Bandinelli analiza las formas artísticas romanas, argumentando que surgieron de un encuentro intelectual con el arte griego sobre una base social nueva, lo que resultó en un carácter ecléctico puesto al servicio del gobierno imperial.
El libro es una referencia clave para investigadores y entusiastas de la arqueología clásica y la historia del arte romano, y se considera un texto académico importante en la materia.