Museo de Bellas Artes de Sevilla. 2 tomos con caja. Arsenio Moreno Mendoza, Enrique Pareja López, María Jesús Sanz Serrano, Enrique Valdivieso González. Tapa dura. Ediciones Galve. Primera edición. 1993.Al iniciarse la última década del siglo XX se perfila con mayor nitidez, en el mundo de la cultura, un hecho trascendente. Crece en proporciones espectaculares (cierto que con carácter selectivo) el interés por los museos. Cuando en 1926 Ortega y Gasset inició la publicación de la rebelión de las masas, realizando un precoz y magistral diagnóstico sobre el fenómeno de las aglomeraciones, estaba muy lejos de pensar que como las ciudades, las casas, los hoteles, los trenes, los cafés, las salas de los médicos, los espectáculos, las playas…, Los museos también estarían llenos. Desde hace varios lustros la gente acude cada vez más a ellos. En todos los países aumentan las inversiones para rehabilitarlos en unos casos, o para crearlos en otros. Esta saludable realidad es fruto de una serie de circunstancias complejas que resultaría prolijo analizar aquí; destaquemos tan solo que el desarrollo de la “sociedad de los 100“, con el acceso de las clases medias a niveles más altos de cultura, tienen parte importante en este auge. El creciente interés por los museos encontró su más potente estímulo en las exposiciones temporales celebradas en ellos. Recuérdense las largas colas, en 1990 y 1991, para admirar las dedicadas a dos grandes maestros Hispalenses: la de Velázquez en el Prado y la de Valdés leal en el museo de bellas artes de Sevilla, esta con un buen epílogo madrileño. Pero la gente exige además buenos catálogos que mantengan la memoria de exhibiciones irrepetibles. Este tipo de publicaciones monográficas están ayudando, como las exposiciones mismas, el interés por los fondos permanentes de los museos. Ha llegado a la hora de que esto se den a conocer contextos e ilustraciones de la mayor calidad editados con generosidad de medios. Nos parecía indispensable apuntar unos hechos relevantes en la vida cultural de nuestro tiempo, antes de presentar esta magnífica obra. Contiene un cálido, vital y riguroso testimonio de uno de los museos de Bellas Artes más importantes de España. Da cumplida cerca del edificio que lo acoge, de su historia, de sus colecciones de escultura, de dibujos, de sus artes suntuarias y, en volumen aparte dado su valor, de pintura. Desde 1967 en que apareció la excelente y útil día de José Hernández Díaz, resultaba inaplazable poner al día, con los medios de hoy, cuanto se relaciona con el museo. Después de aquella publicación llegan estos dos tomos cuando han pasado casi 25 años. Muy azarosos ciertamente para esta casa, cuyo edificio pasó por los más graves traumas, mientras que las colecciones que albergaba hubieron de padecer “cuarentenas“ 50. Surge esta obra en un momento preñado de las más sonadas expectativas para Sevilla, pero también, y esto importa destacarlo mucho, para su museo de bellas artes. En ciudades cargadas de monumentos de antaño es saludable que uno de ellos, al dejar de ser convento de la merced Calzada(tras la desamortización de 1835), sirviese para albergar un conjunto artístico de primer orden, cuyo núcleo principal estaba constituido por una ingente cantidad de cuadros y esculturas procedentes de instituciones religiosas suprimidas. Los museos provinciales que tuvieron es de origen llegaron a padecer (A veces tal vez a merecer) el dicterio De ser considerados cementerios de obras de arte. Hoy, por fortuna, el de Sevilla, dejando atrás grandes crisis, entra en una etapa en la que, sin precipitación, pero sin tregua, acaba de consolidarse el edificio y se remozan museológicamente Su salas. En ellas será factible buscar algo más, mucho más, que despojos del pasado; cabra descubrir las raíces de la propia identidad de la urbe, centrada, sobre todo, en uno de sus más esplendorosos momentos. El museo conserva una irresistible fuerza evocadora. Los visitantes de hoy, recorriendo los claustros, la iglesia, las crujías del antiguo Convento, alhajados Con cuadros e imaginería en su mejor parte contemporáneos del edificio, podrán revivir aquel conflictivo y contradictorio siglo XVII donde las más grandes depresiones económicas convivieron con un inusitado auge artístico, alentado por una euforia constructiva designó barroco. Otras creaciones importantes, anteriores y posteriores a este siglo, hasta llegar al nuestro, completan un subjetivo y rico acervo.