Azorín despoja al burlador de su capa legendaria para mostrarlo como un hombre melancólico, atormentado por el vacío de sus aventuras, en un relato fragmentario de paisajes manchegos, tertulias provincianas y encuentros efímeros que cuestionan la eternidad del deseo. Segunda edición de esta novela breve de 185 páginas (primera 1922), captura el estilo sutil del 98 con ecos de Unamuno y Baroja, ideal para lectores de prosa introspectiva y reinterpretaciones mitológicas españolas.