Autor: SCHIFFRIN, ANDRÉ
Editorial: ANAGRAMA
EAN: 9788433962386
Han pasado cinco años desde la publicación de La edición sin editores, el libro anterior de André Schiffrin. Cinco años que han visto cómo se desmoronaba el imperio Messier, cómo Hachette y Wendel se repartían Vivendi y cómo se vendía Éditions du Seuil a La Martinière/Wertheimer/Chanel: una conmoción sin precedentes dentro del mundo de la edición francesa. André Schiffrin describe las etapas de este derrumbamiento y sus temibles consecuencias. La situación no es menos preocupante en el mundo de la prensa: con la compra de Socpresse, casi todo lo que se imprime en Francia está ahora bajo el control de los fabricantes de armas (Lagardère/Matra, Dassault) que dependen\nestrechamente de los encargos del Estado.\nFuera de Francia el paisaje que se describe en estas páginas -ya se trate de la edición, la prensa, el cine, la radio o la televisión, en Gran Bretaña o en Estados Unidos- muestra la concentración en manos de grandes grupos por doquier, con la rentabilidad de las inversiones como único criterio. Pero el indomable Schiffrin no se deja llevar ni por el pesimismo ni por la resignación, y el libro concluye con nuevas propuestas que únicamente los neoliberales\nrecalcitrantes considerarán utópicas.\nAndré Schiffrin, hijo del editor Jacques Schiffrin, el creador de la Bibliothèque de la Pléiade (Gallimard), ha estado durante veinte años a la cabeza de Pantheon Books, prestigiosa editorial literaria de Estados Unidos que publicó a escritores como Pasternak y Lampedusa, Duras, Foucault, Sartre o Claude Simon, además de autores estadounidenses tan significativos como Noam Chomsky o Studs Terkel: «Un modelo de valor y de rigor intelectual, un laboratorio de ideas del que los editores extranjeros más importantes han tenido la fortuna de poder ir a beber», en palabras del ex editor y escritor François Maspero. Es el fundador y director, desde 1991, de The New Press, una editorial independiente sin ánimo de lucro, cuyo éxito provoca admiración.\nAndré Schiffrin ha demostrado que, también en Estados Unidos, se puede ser un editor «diferente» y escapar a la censura del mercado.