Hasta que aprenda otras, algunas de mis ignorancias sobre la poesía son estas:\n El escriba más antiguo que conozco descansa contra una pared del museo de El Cairo. Hace 4000 años que está en la misma posición: cuclillas, ojos inmensamente abiertos, cara perpleja (espejo en el que uno queda mirado para siempre).\n No se conoce su nombre. Tampoco lo necesita. Ningún poema es mejor que ese hombre en el instante sumo de escribir. \nEl escriba está solo, sin paisaje. La mirada fija en los ojos de quien venga a verlo. Así se alimenta desde hace 4000 años y así recupera uno a uno los relámpagos blancos de la ballena andante.\nSe le ve sereno, como tristemente feliz de ser quien es, veedor, mirón o visionario de las andanzas de la palabra blanca. De ser su polizonte, su paje, el surtidor de sus desvelos. Su cómplice. El sabe que es lo mismo ser su insomne ojo de sangre o la rémora de su aleta izquierda. Que el mar y la palabra mar es lo mismo. Que bucear y balbucear es lo mismo.\nCuando uno abandona la sala, el escriba sigue allí, siglo tras siglo, sin parpadear. Creo que en el tantisimo mirar de sus ojos ya están escritos todos los poemas. También estos.