"El afán por conocer las razones y detalles de los sucesivos éxodos de una familia judiá de Europa del Este--a Argentina, a Francia, a Argentina nuevamente y luego a distintos sitios en los Estados Unidos--conduce al narrador de Irse, a una serie de cuestionamientos sobre su propio lugar en el mundo y sobre la capacidad del lenguaje para ser vehículo de transmisión e interpretación del recuerdo. A partir de una secuencia de instantáneas sin orden cronológico, Waisman trabaja por adición en la puesta en escena de la historia familiar y esboza una teoría sobre la propia diáspora; por un lado, escucha las versiones de los suyos y las compila, convencido de que a partir de esos testimonios se revelará algún indicio existencial referido al propio ser, y por otro, enfrenta un peculiar modelo de traducción, un trasvase del idioma de la memoria a un nuevo lenguaje que, a la postre, se transforma en destino definitivo: hablar un idioma en el cual la sutil distincion entre pasado y memoria, entre la memoria y la fabricación de la memoria, es justamente lo que se articula y se revela para constituir la raíz de una lengua propia, la fundació́n de una patria."