Kiki ha logrado que toda la clase sea castigada por sus intercambios clandestinos, algo que Rogelio Papín, el vigilante de los estudios, no ha sabido apreciar. ¿Cómo contarle a su padre semejante catástrofe? Esa es la pregunta que se hace mientras examina un extraño automóvil negro aparcado en el taller de desguace, y ahí es precisamente donde comienzan los problemas para ella. El coche negro desaparece y empiezan a pasar cosas muy extrañas que no sabe cómo explicar. Inmersa entre la policía y una banda de traficantes, Kiki tendrá que poner en marcha una vez más toda su astucia y osadía para evitar la tragedia. Afortunadamente, sus amigos Rorró y Segismundo están allí para ayudarla.