abuelo guardaba dos tesoros en el viejo paragüero. Uno era de madera oscura y empuñadura labrada, visible en A el otro, un elegante bastón rojizo con cabeza de pato metálica, retratado en C En la imagen se aprecian al detalle ambos pomos, testigos de mil caminatas memorables por el pueblo. Cada tarde, el anciano elegía su compañero según su humor: el tallado infundía un respeto silencioso, mientras que el ave despertaba sonrisas y amenas charlas entre los vecinos de la antigua plaza.